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19.2.08

Rayuela

Ayer se cumplieron 45 años de la primera edición del libro Rayuela, de Julio Cortázar.



Con Rayuela, a mi modo de ver, se inaugura una instancia de lector activo, casi construyendo la historia a su modo, en función del orden en que va leyendo los capítulos. La literatura de Cortázar es campeona en esto del imprevisto, del desdoblamiento del narrador, del juego permanente entre lo real y lo absurdo... Quien no haya leído a Cortázar no podrá entender a qué me refiero.



Leí Rayuela cuando era adolescente y lo releí "de a pedazos" muchísimas veces. Cada vez que lo cerraba tenía ganas de atar el libro con varios elásticos, pero no sólo para que no se salieran las hojas ya sueltas de mi maltratado ejemplar, era sobre todo para evitar que la obra siguiera cambiando; Para evitar que, al releerlo, los mismos capítulos me contaran cosas diferentes. Rayuela es un libro que sigue vivo y mutando todo el tiempo. Mientras escribo esto pienso con temor y ansiedad en qué me deparará la próxima vez que abra sus páginas. Pienso en él como en la llamada de un gran amigo que hace muchos años que uno no ve. Los invito a leer una entrevista donde su autor habla de Rayuela.

Link: <"http://www.taringa.net/posts/info/1025118/Julio-Cortázar---La-invención-desaforada.html" />

19.7.07

Chau Negro


Todavía es difícil saber por cuál de todos sus enormes méritos se recordará a Roberto Fontanarrosa, que murió hoy en su Rosario a los 62 años. Algunos recordarán los chistes de la página 2 de Clarín, los de "Inodoro Pereyra" y "Boogie el aceitoso", otros la extraña profundidad de algunos de sus cuentos y quizás alguno hable de su fanatismo por Rosario Central. Pero él ya había dado una pista certera de cuál era su deseo para la posteridad. "A mí lo que me gusta -le contó alguna vez a un periodista- es que un tipo me diga que se cagó de risa con mi cuento. Con eso estoy bien".
Por suerte yo me sigo cagando de risa con muchos de sus cuentos...


chau gracias

14.5.07

Beatniks: la poesía del jazz


Si la beat generation se identificó con algún sonido, fue con el del jazz y los ritmos del bop. La época de oro de Miles Davis, Chet Baker, Charlie Parker, Duke Ellington, Thelonious Monk y demás figuras emblemáticas de ese género, coincidieron con la época en la que los beatniks salieron a recorrer las calles y las carreteras. Y se cruzaron. El espíritu de los escritores y el de los músicos era el mismo.

Los libros de la literatura beatnik, en particular los de Kerouac y Ginsberg, están plagados de referencias hacia este estilo musical: la mayoría de sus aventuras transcurren con esas melodías de fondo. La práctica frecuente de parte de éstos de realizar recitales de poesía, tiene sus raíces en los conciertos de jazz. Incluso su forma de escribir está influenciada por la improvisación, el vértigo y la soltura de los músicos de aquel entonces.

En el último número de “Litoral”, publicación española de poesía, arte y pensamiento, pueden leer un artículo que trata sobre la relación entre estas dos corrientes con más profundidad - y que incluso sirve de introducción a la literatura beat en sí misma para los que nunca han leído nada acerca de ella.
<"http://www.edicioneslitoral.com/227/227texto02.html" />

3.4.07

La hija del fuego


Era bonita, de buena educación y culta, con una enorme capacidad intelectual y poética. De buena aceptación en los círculos literarios y una asombrosa precocidad para escribir. Tuvo becas, méritos, premios, fama, y pretendientes de sobra. Pero todo eso no le alcanzó para disipar su infierno interior, ese fuego negro que trató de exorcizar a través de la escritura: tuvo el don de la palabra escrita y a este don se entregó y con ella su existencia en riesgo total.

Al igual que Alejandra Pizarnik y Ann Sexton, Sylvia Plath terminó suicidándose. Una fría mañana del 11 de febrero de 1963, Sylvia se levantó pronto, en un acto de último amor materno preparó el desayuno a sus hijos, abrió la llave del gas y cocinó su propio cadáver. El último poema que escribió, daba cuenta del inevitable desenlace:

¨La mujer alcanza la perfección.
Su cuerpo
Muerto porta la sonrisa del deber cumplido,
La ilusión de una necesidad griega
Fluye por los papiros de su toga,
Sus pies desnudos
Parecen estar diciendo:
Hemos llegado hasta aquí, es el fin.
Dos bebés muertos hechos ovillo, serpientes blancas,
Cada uno prendido a un pellejo
De leche, ya vacío.
Ella los ha replegado
Hacia su cuerpo como pétalos
De una rosa que se cierra cuando el jardín
Se endurece y las fragancias sangran
Desde las dulces y profundas gargantas de la flor nocturna.
La luna no se habrá de entristecer,
Allá en su atalaya de hueso.
Tiene, de todo esto, la costumbre.
A rastras crujen sombras negras.¨

Mientras estuvo con vida, llegó a publicar tan sólo tres libros de poemas: Ariel, La campana del desamparo y Tres mujeres.

30.3.07

Pequeño Bukowski ilustrado

El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco’ fue el último libro que leí de Ch. Bukowski, y también fue su último libro escrito en vida. Dentro de toda su bibliografía, esta obra es un tanto particular. Todos los libros del autor son de alguna manera autobiográficos, pero ‘El capitán salió a comer…‘ toma la forma de un diario íntimo y presenta de forma sencilla y cronológicamente, los hechos de su vida cotidiana desde agosto de 1991 a febrero de 1993, meses antes de su muerte. De esta forma, las páginas de este libro están plagadas de acontecimientos cotidianos (levantarse, desayunar, recibir visitas, etc.), reflexiones sobre el mundo literario y los personajes que lo componen, obsesiones (la muerte) y algunas anécdotas y escenas típicas de sus otros libros.

Pero algo que hace de este libro aún más particular, son las estupendas ilustraciones que acompañan los diferentes pasajes del libro de la mano de Robert Crumb, otro referente indiscutible de la contracultura norteamericana y uno de los principales representantes del comic underground.



El libro está disponible para descarga desde la web, completo y en castellano, gracias a bukbooks.

Link: <"http://www.geocities.com/bukstuff/capitan.html" />

3.3.07

El grito de Artaud


En septiembre de 1937, Antonin Artaud regresaba en barco de su mítico viaje de Irlanda en busca de las raíces druídicas. Algunos hechos se sucedieron en el transcurso, y al desembarcar, fue llevado con una camisa de fuerza y transferido de inmediato de un asilo a otro, hasta que en 1946 es hallado en el hospital psiquiátrico de Rodez, donde permanecía desde hacía tres años. En esta entrevista, que data de 1959, nada más ni nada menos que André Bretón, uno de sus allegados artísticos más importantes, habla acerca del tema, de la obra general, y del “Van Gogh” de uno de los poetas más incendiarios de toda la historia de la literatura.

Usted piensa, según su expresión, que Antonin Artaud había “pasado del otro lado”. ¿Podría precisar lo que entiende por ello?

Bretón: Ante todo, establezcamos como axioma que la poesía, a partir de un cierto nivel, se burla absolutamente de la salud mental del poeta: su más alto privilegio consiste en extender su imperio mucho más allá de los límites determinados por la razón humana. Para la poesía, los únicos escollos serían la banalidad y el consentimiento universal. Desde Rimbaud y Lautreamont sabemos que los más bellos cantos son a menudo los más extraviados. ¨Aurelia¨ de Nerval, los “Poemas de la locura” de Holderlin, las telas de la época de Arlés de Van Gogh, son aquellas que estimamos como lo más alto de sus obras. Muy lejos de aprisionarlos en sus compartimientos, es como si el ¨delirio¨ las hubiese desatado, como si por un puente aéreo ellos hubiesen entrado en comunicación fulgurante con nosotros.


Del mismo modo, sería sacrificar a un prejuicio de otra edad, querer defender a Artaud de todo extravío del espíritu que, habiéndole sido imputado por error, le habría sustraído la libertad y lo hubiese expuesto a las peores crueldades, bajo pretexto de curarlo.

En el nivel más inmediato, entre el hombre y la sociedad en que vive, hay tácitamente un contrato que le prohíbe ciertos comportamientos exteriores bajo pena de ver cerrarse sobre sí las puertas del asilo (o de la prisión). Es innegable que el comportamiento de Artaud en el barco que lo traía de Irlanda en 1937 fue uno de ésos. Lo que yo llamo pasar del ¨otro lado¨ es perder de vista, bajo un impulso irresistible, esas prohibiciones y las sanciones a las que uno se expone por trasgredirlas.

Cuando volvió a ver a Artaud después de Rodez, ¿en qué estado se encontraba? ¿Estaba curado?

B: Después de Rodez, ciertamente quedaban huellas de su noble rostro de las pruebas sufridas y nada era más conmovedor que el estrago de sus rasgos.

Al hablar con él, uno lo veía obedecer a las mismas solicitaciones que en su juventud, aportar a ellas el mismo brío que, a pesar de todo, sabía aún impregnarse de alegría (escucho todavía su risa inalterada): nada en él había ensombrecido los dones del espíritu y del corazón. De ahí a decir que estaba ¨curado¨ en el sentido pleno del término, es un paso que no puedo franquear; digamos que el delirio, que lo invadía algunos años antes, estaba en 1946 netamente limitado. No había ocasión de traicionarse si algunos puntos de fricción eran evitados. Uno no lo lograba siempre. Artaud estaba persuadido, por ejemplo, de que en su desembarco en el Havre, durante su retorno desde Irlanda, una verdadera revuelta había estallado (para impedir ciertas revelaciones que él debía hacer) y que yo había sido muerto al acudir a socorrerlo. Que él pudiera con frecuencia hacer alusión a ello en sus cartas o en sus conversaciones conmigo, muestra bastante que el mundo, para él, ya no admitía las coordenadas habituales. Yo me cuidaba de contradecirle y pasaba rápido a otra cosa. Sin embargo, llegó el día, era una mañana, conversábamos solos en la terraza de¨Les Deux-Magots¨- en que él me intimó, en nombre de todo aquello que podía unirnos, a desconcertar a los que discutían la autenticidad de semejante hecho. Me fue forzoso responderle, en términos apropiaos (de manera de contradecirlo lo menos posible), que sobre ese punto, mis recuerdos no corroboraban los suyos. Me miró con desesperación, las lágrimas se le vinieron a los ojos. Algunos segundos interminables… Su deducción fue que las potencias ocultas de las cuales él se había atraído la cólera, habían logrado engañar mi memoria. No se habó más del asunto, pero cuando nos volvimos a ver más tarde, sin duda yo había decaído a sus ojos.

Pero está la obra de Artaud. ¿Cómo ha podido llevarla a cabo? ¿Es la obra de un loco o la de un hombre lúcido? ¿Puede de algún modo definir el carácter y el alcance de esa obra?

B: La enfermedad de Artaud no fue de aquellas que entrañan, en un sentido psiquiátrico, un déficit intelectual. Es un error demasiado expandido creer que en semejante caso la ideación está comprometida a fondo y que todos los territorios que dependen de ella están alterados. Nada es tan simple. En cuanto a Artaud, hay grandes extravíos de juicios acerca de los fines últimos, extremas violencias espumando en un total desenfreno verbal, manifestando una tensión interna de la especie más punzante ante la cual nada impedirá que nosotros seamos estremecidos durante mucho tiempo. En el estado actual de nuestros conocimientos, demasiado ambicioso sería querer explicar por qué efecto de conjuración¨en espejo¨ Artaud, poco antes de morir, ha podido realizar la obra hiper-lúcida, la obra maestra indiscutible que es su Van Gogh. El grito de Artaud ¨como aquel de Eduard Munch- parte de las cavernas del ser
¨. Para siempre la juventud reconocerá como suya esa bandera calcinada.

23.9.06

Lecciones contra los vicios inútiles


El desempleo multiplica la delincuencia, y los salarios humillantes la estimulan. Nunca tuvo tanta actualidad el viejo proverbio que enseña: El vivo vive del bobo, y el bobo de su trabajo. En cambio, ya nadie dice, porque nadie lo creería aquello de trabaja y prosperarás.

El derecho laboral se está reduciendo al derecho de trabajar por lo que quieran pagarte y en las condiciones que quieran imponerte. El trabajo es el vicio más inútil. No hay en el mundo mercancía más barata que la mano de obra. Mientras caen los salarios y aumentan los horarios, el mundo laboral vomita gente. Tómelo o déjelo, que la cola es larga.

Eduardo Galeano

3.9.06

Las 10 idioteces más ilustres de la década

No hay nada más difícil en estos tiempos que encontrar a un señor dispuesto a admitir su ignorancia. Todo el mundo cree que es obligación el tener opinión formada sobre cada uno de los aspectos del universo. Por eso no es raro encontrar en cada pizzería muchachones que -entre porción y porción- cuestionan las teorías de Darwin con la misma autoridad con que podrían juzgar las últimas actuaciones de Mastrángelo.

Cualquiera opina sobre cualquier cosa. Todos son entendidos.

Y si alguien comienza su discurso con un humilde "Yo de esto no entiendo nada", no tardará en agregar un "pero" para luego despacharse con el muestrario completo de sus ideas sobre la inmortalidad del cangrejo.

Uno se pregunta entonces, ¿cómo se hace para abarcar tanto? ¿Cómo se consiguen opiniones tan surtidas?

Hay dos procedimientos. El primero consiste en dedicar treinta o cuarenta años a la tarea de adquirir sabiduría. Los resultados de este método son, hay que reconocerlo, inciertos.

El segundo procedimiento es repetir lo que uno escucha por ahí. De este modo cualquiera puede adueñarse de los pensamientos que más le gusten, sin tomarse el trabajo de pensar, que es lo que mata.

El mundo moderno -ya se sabe- pone a nuestra disposición una amplísima gama de opiniones sueltas. Están en los diarios. Se repiten por radio. Florecen en las charlas de café. Y uno puede elegir la que quiera y repetirla como propia. Aquí conviene detenerse un instante.

Es evidente que en el inmenso stock que mencionábamos hay de todo. Desde verdades irrefutables hasta estupideces monumentales. Pero a la hora de elegir, la gente se decide por los juicios más llamativos y detonantes. Y la verdad suele ser austera y sencillita.

Todo esto, la costumbre de repetir lo que se oye, el ansia de sorprender y la pereza mental, han cimentado el éxito y la consagración de un sinnúmero de disparates que andan de boca en boca, como si fueran la flor del pensamiento moderno. Estas pavadas son ya lugares comunes.

Pero sus propagandistas las recitan como si acabaran de inventarlas. El propósito de este trabajo es presentar una colección incompleta de idioteces prestigiosas e intentar una somera refutación de cada una de ellas.


1. Ay, todo es política.

Argumento que suelen usar los señores politizados cuando uno les confiesa que la política no le interesa. Sus sostenedores explican que todas las cosas se interaccionan y que hasta los hechos más baladíes tienen su connotación política.

Por ejemplo, comer un helado puede ser un hecho político si se piensa que quienes no tengan el dinero para comprarlo pueden sentirse víctimas de una injusticia. Este mismo razonamiento puede servir también para demostrar que todo es zoología o que todo es aritmética o que cualquier cosa es cualquier cosa y viceversa.

No hay que llevar la metáfora hasta sus últimas consecuencias. Hay cosas que son política y otras que no lo son. Por ejemplo, el tango "El taita del arrabal" no es política.

2. Ay, todo es psíquico.

Proposición que atribuye todos los males del cuerpo a los desórdenes mentales que padecemos. ¿Le duele a uno la cabeza?: son los nervios. ¿Le pica a uno la nuca?: es la ansiedad. ¿Vomita uno como un cerdo?: está somatizando.

Refutación: conozco centenares de personas de mente sana que sufren dolores en los lugares más destacados del cuerpo humano. No es necesario estar loco para apestarse.

3. Ay, en el fútbol ya no hay equipos chicos.

Refutación: vaya a ver un partido entre All Boys y Platense en la cancha de Argentinos Juniors y después me cuenta.

4. Ay, nadie es imprescindible.

Frase que le sueltan a uno cada vez que abandona una empresa, un trabajo o un cumpleaños. Parece significar que todas las personas son la misma cosa y que cualquiera puede ocupar los lugares vacantes.

Refutación: siempre hay algo para lo cual solamente sirve una determinada persona. Por ejemplo, para protagonizar el show de Frank Sinatra, es indispensable Frank Sinatra.

5. Ah, el público es exitista.

Cuando uno gana lo aplauden y cuando pierde lo silban. Y está muy bien. De lo contrario no existirían diferencias entre los genios y los troncos. Peor sería que siempre aplaudieran. O que siempre silbaran. O lo que es peor: que aplaudieran al que pierde y silbaran al que gana.

6. Si de noche lloras por el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas.

Frase que han consagrado los posters y que se pronuncia contra el llanto y la tristeza. Hace milenios, en Grecia, un pedante vio a Solón llorar amargamente por su hijo muerto.

-¿Por qué lloras -le dijo- si de nada te servirá?

-Por eso -contestó Solón- porque de nada me servirá.

Hay que aprender a llorar y a comprender que la vida no es una kermesse.

7. Gardel murió justo a tiempo.

Opinión que parece reducir las virtudes gardelianas a una muerte oportuna. La refutación corre por parte del propio Gardel en cualquiera de sus discos.

8. Hay que tomar las derrotas con filosofía.

Cuando uno oye esto, supone que después de perder al truco, es necesario leer a Spinoza o meditar la posibilidad del conocimiento. Sin embargo, lo que en realidad quiere decirse es que hay que consolarse ante el infortunio. Con lo cual viene a descubrirse que para algunas personas la filosofía es el consuelo. Yo pienso más bien lo contrario.

9. Sobre gustos no hay nada escrito.

Refrán lamentable que suelen utilizar los amantes del naranjín con cerveza y las camisas con lentejuelas. En realidad sobre gustos se ha escrito mucho. Y hasta hay escritores que no han abordado jamás otro tema. Es cuestión de leer, nada más.

10. Hay que ser amigo de los hijos.

Disparate que tiene su origen en un cierto verso del Martín Fierro, cuya negligente lectura puede sugerir que un amigo es más que un padre. En verdad cuesta trabajo imaginar a un señor que sale junto a su hijo a tocar timbres y patear tachos de basura. Creo que lo mejor es ejercer la alta dignidad de padre o de madre, con toda la jerarquía que esto presupone. Los amigos pueden fallar. Los padres no.

Hay más tonterías ilustres:

"Yo tengo mi propio código moral".
"El que va al hipódromo por primera vez, gana".
"Castillo con Tanturi cantaba bien".
"Los norteamericanos tiene un plato volador con los cadáveres de sus tripulantes".
"Los humoristas son gente triste".

Todas estas cosas se oyen mil veces por día. Es un buen momento para empezar a combatirlas. Para eso es necesario sacudir las telarañas de los sesos y pensar bien lo que uno dice. Y cuando se da el frecuente caso de no tener nada que decir, a callar. Que siempre es mejor visto un pajarón silencioso que un vivo macaneando.

Buen provecho.

Alejandro Dolina

2.8.06

Paradojas


El mundo es una gran paradoja que gira en el universo. A este paso, de aquí a poco los propietarios del planeta prohibirán el hambre y la sed, para que no falten el pan ni el agua.

Eduardo Galeano

22.7.06

Sueñero

Silbo en la oscuridad,
animal sin reposo;
torres de la vigilia,
candela de los ojos.
No sé qué pueda ser,
si una curva del tiempo
o un hueco en el corazón
atento.

Trigo sobre el brocal
para que coma el hambre
y abajo el peligroso
agujero de la sangre.
No hallo, no puedo ver
más que la noche alerta
y el misterio detrás
de las puertas.

Sueñero, jinete sin descanso;
Sueñero, sobre un papel en blanco.
Sueñero, centinela de mi alma;
Sueñero, duérmete y dame calma.

Llevo cada mitad
como dos ríos gemelos,
uno cruza la tierra,
el otro fluye en el cielo;
el de la oscuridad
no conoce el olvido,
desvelado en seguir
lo perdido.

Ay, este toro azul
fatigado y sediento
de correr tras la nada
como la luz y el viento!

Ardo sin preguntar
igual que lo hace el fuego,
tal vez halle cantando
el sosiego.

Sueñero, enigma de un penitente;
Sueñero, andando entre los durmientes;
Sueñero, espina de las estrellas;
Sueñero, olvídate de ella.

Jorge Fandermole













Sin palabras...
Es tan grande que para describirlo podemos recordar la respuesta
que dio a la siguiente pregunta:
QUE MUSICA LE PONDRIAS A TU VIDA ?

SI MI VIDA FUESE LA LETRA DE UNA CANCION LE PONDRIA COMO MUSICA UN ENORME SILENCIO DEL CUAL EMERGIERAN ESPORADICAMENTE EL SONIDO DEL AGUA, EL CANTO DE LAS BALLENAS, EL SOPLO DEL VIENTO EN LAS CASUARINAS Y EN LOS ALAMOS Y LAS VOCES DE LOS QUE AMO.
LE DEBO UNA CANCION A CASI TODO.

El diario a diario

Un señor toma un tranvía después de compara el diario y ponerselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo.. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de la plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diaro, hasta que un muchacho lo ve, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego lo lleva a su casa y en el camino lo usa para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.

Julio Cortázar

Un sueño


Era un día hermoso, y K. quiso salir a pasear Pero apenas dió dos pasos, llegó al cementerio. Vió numerosos e intrincados senderos, muy numerosos y nada prácticos; K. flotaba sobre uno de esos senderos como sobre un torrente, en un inconmovible deslizamiento. su mirada advirtió desde lejos el montículo de una tumba recién cubierta, y quiso detenerse a su lado. Esse montículo ejercía sobre él casi una fascinación, y le parecía que nunca podría acercarse demasiado rápidamente. De pronto, sin embargo, la tumba casi desaparecía de la vista, oculta por estandartes que flameaban y se entrechocaban con fuerza; no se veía a los portadores de los estandartes, pero era como si allí reinara un gran júbilo

Todavía buscaba a la distancia, cuando vió de pronto la misma sepultura a su lado, cerca del camino; pronto la dejaría atrás. Salto rápidamente al césped. Pero como en el momento del salto el sendero se movía velozmente bajo sus pies, se tambaleó y cayó de rodillas justamente frente a la tumba. Detrás de ésta había dos hombres que sostenían una lápida en la tierra, donde quedó sólidamente asegurada. Entonces surgió de un matorral un tercer hombre, en quién K. inmediatamente reconoció a un artista. Sólo vestía pantalones y una camisa mal abotonada; en la cabeza tenía una gorra de terciopelo; en la mano un lápiz común, con el que dibujaba figuras en el aire mientras se acercaba

Apoyó ese lápiz en la parte superior de la lápida; la lápida era muy alta; el hombre no necesitaba agacharse, pero si inclinarse hacia adelante, porque el montículo de tierra (que evidentemente no quería pisar) lo separaba de la piedra. Estaba en puntas de pie y se apoyaba con la mano izquierda en la superficie de la lápida. mediante un prodigio de destreza logró dibujar con un lápiz común letras doradas y escribió: "Aquí yace". Cada una de las letras era clara y hermosa, profundamente inscripta y de oro purísimo Cuando hubo escrito las dos palabras, se volvió hacia K. que sentía gran ansiedad por saber cómo seguiría la inscripción, apenas se preocupaba por el individuo y sólo miraba la lápida. EL hombre se dispuso nuevamente a escribir, pero no pudo, algo se lo impedía; dejo caer el lápiz y nuevamente se volvió hacia K. Esta vez K. lo miró y advirtió que estaba profundamente perplejo, pero sin poder explicarse el motivo de su perplejidad. Toda su vivacidad anterior había desaparecido. Esto hizo que también K. comenzara a sentirse perplejo; cambiaban miradas desoladas; había entre ellos algún odioso malentendido, que ninguno de los dos podía solucionar. Fuera de lugar, comenzó a repicar la pequeña campana de la capilla fúnebre, pero el artista hizo una señal con la mano y la campana cesó. Poco después comenzó nuevamente a repicar; esta vez con mucha suavidad y sin insistencia; inmediatamente cesó; era como si solamente quisiera probar su sonido. K. estaba preocupado por la situación del artista, comenzó a llorar y sollozó largo rato en el hueco de sus manos. El artista esperó que K. se calmara y luego decidió , ya que no encontraba otra salida, proseguir su inscripción . El primer breve trazo que dibujó fué un alivio para K. pero el artista tuvo que vencer evidentemente una extraordinaria repugnancia antes de terminarlo; además, la inscripción no era ahora tan hermosa, sobre todo parecía haber mucho menos dorado, los trazos se demoraban, pálidos e inseguros; pero la letra resultó bastante grande. Era una J.; estaba casi terminada ya, cuando el artista, furioso, dió un puntapié contra la tumba y la tierra voló por los aires. Por fin comprendió K.; era muy tarde para pedir disculpas; con sus diez dedos escarbó en la tierra, que no le ofrecía ninguna resistencia; todo parecía preparado de antemano; sólo para disimular, habían colocado esa fina capa de tierra; inmediatamente se abrió debajo de él un gran hoyo, de empinadas paredes, en el cual K. impulsado por una suave corriente que lo colocó de espaldas, se hundió. Pero cuando ya lo recibía la impenetrable profundidad esforzándose todavía por erguir la cabeza, pudo ver su nombre que atravesaba rápidamente la lápida, con espléndidos adornos.
Encantado con esta visión, se despertó.

Franz Kafka